Navegar no es ir hacia donde el viento quiere, sino recordar que «si un hombre no sabe a qué puerto se dirige, ningún viento es favorable». Esta enseñanza no es un juego, sino un simulacro de orden frente al caos. Por Fabiola Monasterio Ríos.- En la intersección entre la náutica técnica y la filosofía clásica, la Escuela de Vela se convierte en un laboratorio del espíritu. Lo que, a ojos…










