La educación chilena opera bajo una lógica administrativa que aplasta la soberanía semántica, confunde estandarización con calidad, ignorando la neurodiversidad, la complejidad cognitiva del aula y el rol mediador del lenguaje. Entre métricas que reducen el pensamiento y burocracias que asfixian la pedagogía, urge una administración que recupere el sentido, la inclusión y la vida como núcleo del aprendizaje. Por Fabiola Monasterio.- La administración educacional padece de una ceguera ontológica.…














