La industria musical contemporánea explota estímulos de dopamina y la hipersexualidad para moldear conductas, mientras que la obra de Bach se presenta como una arquitectura sonora que potencia la cognición; elegir qué escuchamos es, en última instancia, una decisión bio‑política. Por Fabiola Monasterio Ríos.- En el escenario actual, la industria musical no solo vende entretenimiento; ejecuta una ingeniería de la sumisión. Mientras los géneros masivos se diseñan para activar circuitos…




