Cuando el feminismo se convierte en credencial partidaria, las víctimas incómodas quedan fuera del relato, reflexiona Miguel Mendoza. Por Miguel Mendoza Jorquera.- ¡Qué país más ingenioso! Convertimos el feminismo en detector de metales. Pasa una mujer por el arco y no pita si viene con la credencial correcta; si no, suena la alarma, llega la brigada ideológica y la requisamos por sospechosa. Igualdad sí, pero con código QR partidario. Lo…














