Comprender que la vida es finita, que termina con la muerte, puede transformar nuestras prioridades, fortalecer los vínculos y devolver profundidad a una sociedad que, con demasiada frecuencia, confunde vivir con consumir. Por Claudio Masson.- Hay momentos en que la vida deja de parecer una superficie firme. Basta una enfermedad, una despedida, una pérdida, un accidente o una noticia inesperada para quebrar, en un instante, la ilusión de continuidad con…

